Quise entregarme a ti,
darte todo, hasta lo que no tenía.
Fui sincera, y te conté cada una de mis cosas.
Te conté mi pasado, te revelé mis planes futuros,
te conté mi peor miedo –ser abandonada- y aún así no te
quedaste.
Sé que deseabas mi cuerpo
y te juro que yo –deseo- el tuyo.
Pero, ¿de qué me valía tener tu cuerpo si nunca iba a poder
poseer tu mente?
Y tú de mí, poseías todo.
En los pocos momentos que pasamos juntos, nunca dejé de
tenerte miedo.
Mal interpretabas las cosas
diciendo que soy fría, yo sólo no quería ser demasiado
vulnerable.
No soportaba que me miraras porque no sabía qué más hacer,
aparte de ponerme nerviosa.
Cuando sonreías, algo dentro de mí se quebraba.
era como si no existiera nada más que tu sonrisa, y a eso,
le tenía miedo.
No tengo que decirte que sentía cuando me besabas, o cuando
simplemente tomabas mi mano
a pesar de desear egoístamente que fueras mío
desear terriblemente entrar a tu mundo
no puedo negarte, que te tuve mucho miedo.
Porque sabia que no ibas a quedarte
porque jugabas a un ritmo muy avanzado al mío
no te importan las cosas,
y no tienes sentimientos firmes.DE MI AUTORÍA.




0 comentarios:
Publicar un comentario